Optimismo y pesimismo
Hablar de optimismo y pesimismo es hablar de dos características contrapuestas en el ser humano. Por consiguiente sería bueno hacer una reflexión sobre estos dos sentimientos del hombre desde una perspectiva cristiana.
EL OPTIMISMO:
"Se puede afirmar que si no fuese el mejor (optimum) entre todos los mundos posibles, Dios no hubiese producido ninguno”. Todo está coligado entre sí en cualquiera de los mundos posibles; el universo - cualquiera que fuese - es todo una única pieza, como un océano. En Dios, el mínimo movimiento propaga su efecto a cualquier distancia, si bien tal efecto, proporcionalmente, se va volviendo menos sensible. De modo tal que Dios ya ha regulado todo en anticipación y de una vez para siempre, habiendo previsto las oraciones, las acciones buenas y maliciosas, y todo el resto.
Todas las cosas han contribuido idealmente, antes de su existencia, al resultado... Por tal razón, si el mínimo mal que sucede en el mundo le faltase dejaría de ser este mundo, el cual, todo sumado y ponderado, ha sido encontrado como el mejor para el Creador, que lo ha elegido... Una serie de cosas en la cual entra el pecado ha podido ser - y efectivamente lo es - mejor que otra serie sin pecado.
Nos parece que la Historia de nuestra vida caminara a la deriva, y es el Señor de la Gloria quien lleva la iniciativa.A pesar de que perdamos por los nervios la paciencia, siempre estamos en las manos de Amor de la Providencia.
Muy ufanos creen algunos que a Dios pueden enterrar e imaginan un futuro sin Él de felicidad, hasta que un día despiertan y ven que ha sido un mal sueño, que el orgullo y la soberbia se han convertido en sus dueños y que si se quita a Dios de la vida de los hombres, se abre la puerta al dolor y al mal que en el alma esconden.
Nos parece que la Historia de nuestra vida caminara a la deriva, y es el Señor de la Gloria quien lleva la iniciativa.A pesar de que perdamos por los nervios la paciencia, siempre estamos en las manos de Amor de la Providencia.
Muy ufanos creen algunos que a Dios pueden enterrar e imaginan un futuro sin Él de felicidad, hasta que un día despiertan y ven que ha sido un mal sueño, que el orgullo y la soberbia se han convertido en sus dueños y que si se quita a Dios de la vida de los hombres, se abre la puerta al dolor y al mal que en el alma esconden.
Quien con firmeza camina con la cabeza en el cielo, ve la Filiación Divina como un gran descubrimiento; mientras tanto permanece en la tierra con los pies, y en su vida interior crece con la fuerza de la Fe. Conservemos la Esperanza a pesar de los errores, que sólo en el mundo avanza quien se libra de temores; y luchemos con audacia por una vida mejor, que no nos falta la Gracia para llegar al Amor.
San José maría Escrivá de Balaguer nos habla también del optimismo y nos invita a tener fe cuando nos dice: Hemos de ser optimistas, pero con un optimismo que nace de la fe en el poder de Dios. El optimismo cristiano no es un optimismo dulzón, ni tampoco una confianza humana en que todo saldrá bien. Es un optimismo que hunde sus raíces en la conciencia de la libertad y en la seguridad del poder de la gracia; un optimismo que lleva a exigirnos a nosotros mismos, a esforzarnos por corresponder en cada instante a las llamadas de Dios.
EL PESIMISMO:
"En cada uno de los grados en que la voluntad aparece iluminada por el conocimiento, se reconoce como individuo. En el espacio infinito y en el tiempo infinito el individuo se encuentra dentro de su finitud y por consiguiente como una dimensión infinitamente pequeña, perdido en la inmensidad de aquello cuya existencia frente a dicha inmensidad no cuenta con un Cuando y Donde absolutos, pues su lugar y su duración son partes finitas de un todo infinito y sin límites. Su existencia está verdaderamente limitada al momento actual, cuyo fluir en el pasado es un caminar perpetuo hacia la muerte, un constante morir, porque su vida pasada, si hacemos abstracción de sus consecuencias para la presente y del testimonio que representa de la voluntad que en ella se imprime, está definitivamente terminada y muerta, ya no existe; por lo que pensando racionalmente lo mismo le debería dar haber sufrido que haber gozado. Pero el presente se convierte siempre en sus manos en pasado y el futuro es incierto y siempre de corta duración. Por lo cual, su existencia, si la consideramos sólo desde el punto de vista formal, es un constante caer del presente en el pasado muerto, un constante morir. Pero si consideramos ahora la cosa por el lado físico, es evidente que así como nuestro andar es siempre una caída evitada, la vida de nuestro cuerpo es un morir incesantemente evitado, una destrucción retardada de nuestro cuerpo; y finalmente la actividad de nuestro espíritu no es sino un hastío evitado. Cada uno de nuestros movimientos respiratorios nos evita el morir; por consiguiente, luchamos contra la muerte a cada segundo, y también el dormir, el comer, el calentarnos al fuego son medios de combatir una muerte inmediata. Pero la muerte ha de triunfar necesariamente de nosotros, porque le pertenecemos por el hecho mismo de haber nacido y no hace en último término sino jugar con su víctima antes de devorarla. Mientras tanto hacemos todo lo posible por conservar la vida, como inflaríamos una burbuja de jabón todo lo que se puede, aunque sabemos que al fin ha de estallar".
El pesimismo es una constante mancha negra en el infinito blancor de la vida que aunque muchas veces la hagamos pequeña siempre estará dispuesta a engrandecer la oscuridad de nuestras vidas dependiendo eso si de nuestra voluntad.
Durante el transcurrir de la existencia siempre estarán presentes como dos polos opuestos para poder descargar su máxima energía y así arrastrar la voluntad humana a cualquiera de sus extremos donde probablemente sucumbirá entre la excesiva confianza y la baja autoestima. Sin embargo, nunca se podrán desligar porque forman parte de la estructura psíquica del hombre como la suma de las virtudes y los errores.
Durante el transcurrir de la existencia siempre estarán presentes como dos polos opuestos para poder descargar su máxima energía y así arrastrar la voluntad humana a cualquiera de sus extremos donde probablemente sucumbirá entre la excesiva confianza y la baja autoestima. Sin embargo, nunca se podrán desligar porque forman parte de la estructura psíquica del hombre como la suma de las virtudes y los errores.
Carlos enrique Hernández Monsalve.
III SEMESTRE DE FILOSOFIA
III SEMESTRE DE FILOSOFIA
