sábado, 7 de junio de 2008

DEGRADACIÓN: Una guerra de perdedores

Pero primero empecemos definir que es degradación: se dice “degradado” del objeto que ha perdido las cualidades de su propia especie, que se ha deteriorado o ya no tiene lo mejor de sí mismo o de su clase. Así que hablar de “guerra degradada” presupone que existe una guerra que es justa en sus fines y medios, pero olvidémonos la de Colombia ¡no!

Con toda la expansión territorial, la guerra ha sido un fracaso. Fracaso para las FARC y para el ELN que, tras cuatro décadas de lucha armada, están aún lejos de llegar al poder. Fracaso para los paramilitares, que en veinte años de barbarie no han logrado acabar con la guerrilla. Fracaso para el Estado colombiano, que ni ha sido capaz de derrotar a los insurgentes, ni contener el para militarismo, de remover las causas del conflicto armado.

Para seguir hablando de este fracaso, la guerra fue perdiendo el sentido que quizá una vez tuvo. Ya no podemos hablar de una manera de conseguir el poder ahora nos toco decir o acostumbrarnos a este conflicto que se ha convertido en una rutina.

Retomar este párrafo que me llamo la atención mucho cuando lo leí y pienso que nos puede a entender porque se degrada más y más la guerra. “Nuestro pan de cada día son las masacres, asesinatos, ejecuciones sumarias, secuestros, extorciones, desapariciones, torturas, abusos sexuales, reclutamiento de niños, desplazamientos, ataques terroristas y uso de armas prohibidas, por parte de guerrilleros, paramilitares, agentes del Estado y otros grupos vinculados con ellos”.

En este capítulo el INDH expone seis inercias, conductas y características del conflicto colombiano que definen y condicionan su degradación:

La lógica de militarización: Es clásico (marxismo) que la revolución se impone por la vía de las armas, pero también lo es que esto no desplaza al trabajo de masas. No en vano el Partido Comunista se pronunció en su momento a favor de "combinar todas las formas de lucha" (Pág. 83). Sin embargo, la insurgencia colombiana ha encontrado razones para desconfiar de las garantías al trabajo político y para empeñarse con más veras en la vía militar. Dichas razones son el asesinato, los atentados e intimidaciones de sus líderes y combatientes. En este marco el aparato político se ha dibujado como un apéndice, un añadido de lo militar. "El mando real está en manos del comandante, no del ideólogo o el líder desarmado".Por su parte, el gobierno tampoco es ajeno a esta lógica, la percepción del conflicto como un problema público hace que la respuesta estatal sea prioritariamente militarista. No logra entender que "la política no se reduce a llevar servicios, sino que antes consiste en capturar la imaginación y llenar de sentido la vida colectiva: este es el gran vacío en la respuesta del Estado a la insurgencia" (Pág. 83).El sobrepeso de lo militar tiene otros alcances, tales como: el crecimiento excesivo de los ejércitos (157% en los últimos 10 años), el desvío de los esfuerzos a lo puramente militar, la militarización de la cultura organizacional

La lógica del rentismo: Como consecuencia de lo anterior, la demanda cambia. Se cambia la guerra política por la económica. Las convicciones se desplazan por el afán de lucro. Además, la abundancia de recursos prolonga demasiado las hostilidades (no proporcionalidad) y se filtran y arraigan formas de financiación contrarias al jus in bello o degradadas en sí mismas. En esta lógica también encuentra respuesta la expansión territorial del conflicto (estimulados por la búsqueda de ingresos).Conviene distinguir los tipos de financiación: clásica (decomisos al enemigo o donativos del extranjero), rentas cuasivoluntarias (el actor armado ofrece un servicio local - "bien colectivo", seguridad o justicia, por ejemplo - y cobra por ello), rentas extorsivas ("impuestos" ilegítimos que habitualmente se cobran bajo amenaza de muerte o daño) y la rentas empresariales (sobre rendimientos financieros o producidos y gestión directa de cultivos y negocios ilícitos. Este último aspecto imprime un fuerte matiz a la degradación de la guerra y merece especial atención).

La lógica de territorialización: Los actores armados, ante la dificultad de apoderarse del aparato estatal han optado por la búsqueda de legalidad y burocracias paralelas y regionales, en procura de bifurcar el orden y la legitimidad. Las regiones tienen distinto significado para el grupo en cuestión: retaguardia, corredor estratégico, con lealtad de población, etc; y su control se ejerce mediante tres mecanismos: Estado de facto: el grupo ejerce "soberanía", cobra "impuestos", mantiene "orden" e imparte "justicia"; Estado tutelado: el grupo coopta a los funcionario públicos y cogobierna 8arreglos informales con las autoridades locales); Red social: grupos que por tradición familiar o resentimiento, convicción o cálculo, dinero o miedo, entre otras, son la base social del grupo armado y sus nexos de "confianza".

La lógica del terror: Se desdibujan los límites y el exterminio de la población local entra en juego. se alcanza el poder con la limpieza social, se mantiene con la presión y el amedrentamiento y finalmente se encuentra que el terrorismo minimiza los costos militares y maximiza el control territorial, olvidando - a su vez - que el terrorismo pierde en la política lo que gana en lo militar.

La lógica de criminalización: Sólo los miembros de la fuerza pública asistida por el jus belli y siempre que respeten el jus in bello están disculpados por el deber profesional. así, los secuestros, las masacres, voladuras de oleoductos, lanzamiento de cilindros de gas contra cuarteles y poblaciones, siembra de minas antipersonal, entre otras, no tiene otro nombre que: guerra criminal.

La lógica de vinculación apolítica: "Parece razonable suponer que quien voluntariamente empuña las armas o colabora con un proyecto político - militar, lo hará movido por la convicción, por ideales, por un modo de altruismo" (Pág. 93). Sin embargo, los grupos armados están reclutando de manera equivocada y por razones equivocadas, este es un factor más que contribuye a la degradación del conflicto. Hay muchas motivaciones distintas, pero no excluyentes, que pueden encontrarse en los grupos armados: convicción política, asilo obligado, socialización (hijos o nietos de guerrilleros), búsqueda de camaradería, gusto por las armas (inspirar respeto), falta de opciones, reclutamiento forzado, miedo, rutina, dinero, asesinos que buscan evitar la cárcel, entre muchos otros.


SERGIO ANDRÉS BELTRÁN SARMIENTO
III SEMESTRE DE FILOSOFÍA

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