En este capítulo podemos descubrir una nueva forma de derrotar la violencia, legitimando la protesta social, ampliando las opciones de participación política, y abriendo espacios de poder a las minorías.
El remedio político a la violencia es la ampliación de la democracia y la pieza central de esa ampliación son los partidos. Con partidos, la oposición captaría el descontento social que hoy subyace a la violencia. Para ello son necesarias reformas que desmonten la democracia competitiva entre opciones opacas, en donde la distinción depende de las gabelas del clientelismo. Se precisa una reforma que: avance hacia partidos con más cobertura, cohesión y disciplina.
La paz política consiste en cambiar la oposición armada por la oposición desarmada. Por eso el Informe propone: que la izquierda se democratice; que se garantice a la oposición el acceso a la información y a los medios de comunicación, el derecho de réplica y la participación en organismos internacionales; y que cuente con financiación y presencia en la rama electoral y en la dirección de los cuerpos colegiados.
La paz política consiste en cambiar la oposición armada por la oposición desarmada. Por eso el Informe propone: que la izquierda se democratice; que se garantice a la oposición el acceso a la información y a los medios de comunicación, el derecho de réplica y la participación en organismos internacionales; y que cuente con financiación y presencia en la rama electoral y en la dirección de los cuerpos colegiados.
Politizar el conflicto implica también abrir espacios de poder a las minorías. Para ello el Informe propone explorar un nuevo estatuto para las regiones y un Congreso con más poder. Podría avanzarse hacia la transferencia de funciones y recursos para las regiones, de manera gradual y diferenciada, con plazos claros y criterios precisos de madurez institucional por parte de la región receptora. Las regiones asumirían limitadas funciones legislativas, y más extensas funciones reglamentarias, administrativas, de planeación, promoción del desarrollo económico, regulación de políticas sectoriales y ejecución. La identificación, demarcación y reglamentación de las regiones debería basarse en criterios de especificidad cultural e histórica, participación democrática en el manejo y control de los asuntos públicos, y apertura de la región hacia el mundo.
Un Congreso con más poder significaría un fortalecimiento de los partidos. No es fácil imaginar a Colombia bajo un régimen parlamentario pero es posible avanzar hacia uno régimen "semiparlamentario" donde el Congreso aumenta sus facultades de cara al Ejecutivo. Esto abriría más opciones a minorías y bancadas parlamentarias, convirtiendo en el escenario para el cual fue inventado: el recinto más alto de la democracia y el lugar para zanjar sus diferencias de visión sin usar la violencia.
Según este capitulo, la política es una vía para derrotar el conflicto, pero aca en Colombia vemos que todavía existen grandes injusticias tanto sociales como políticas, la protesta se ha convertido en una causa de violencia, no se da poder a las minorías y cada día vemos corrupción, para-política y muchos factores que atropellan a nuestra patria. Si se cumpliera lo que dice este capitulo Colombia podría llegar tal vez no a ese régimen parlamentario, pero si a uno semiparlamntario y se lograría una democracia que garantice la paz.
Según este capitulo, la política es una vía para derrotar el conflicto, pero aca en Colombia vemos que todavía existen grandes injusticias tanto sociales como políticas, la protesta se ha convertido en una causa de violencia, no se da poder a las minorías y cada día vemos corrupción, para-política y muchos factores que atropellan a nuestra patria. Si se cumpliera lo que dice este capitulo Colombia podría llegar tal vez no a ese régimen parlamentario, pero si a uno semiparlamntario y se lograría una democracia que garantice la paz.
LUIS CARLOS DUARTE GONZÀLEZ

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