Este es e segundo capítulo que encontramos en el compendio del informe de la ONU sobre el Desarrollo Humano, el conflicto armado y la guerra interna que ha sufrido Colombia desde hace algunas décadas.
Cabe destacar que este informe fue publicado en el año 2003 después de un riguroso estudio por el organismo antes mencionado y basado también en el informe que desde 1985 lleva el Observatorio de Derechos Humanos, hoy adscrito al programa presidencial de los derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario de la vicepresidencia de la república.
Aunque parece obvio que el conflicto ha tendido a expandirse con el paso del tiempo, no es fácil precisar “dónde” se ubica o “cuándo” llegó a una determinada región de nuestro querido país, pues las mediciones de incidencia o intensidad de la guerra, son discutibles y la movilidad geográfica es connatural a los diferentes actores armados.
Lo que si sabemos y con certeza es que de un momento a otro se disparó el desorden social en Colombia y con ello la lucha de pequeñas mafias organizadas por ejercer el poder político y económico en algunas regiones estratégicas de nuestra geografía nacional.
Bien sabemos nosotros que desde hace varias décadas hasta nuestros días, ese deseo forzoso de conquistar un falso poder, enmascarado de cosas buenas y útiles para el pueblo nacional, ha cobrado muy caro a nuestra sociedad, de manera especial a la clase obrera, al campesinado y a los más débiles e indefensos que ya no sólo luchan por sobrevivir a las necesidades diarias y a la cotidianidad, sino también a las inclemencias de aquellos pícaros que se escudan en medio de los más vulnerables para cometer sus fechorías y someterlos incluso a su régimen opresor vendiéndoles ideologías baratas sin sentido, basadas en el odio, en la venganza, avaricia y en tantas otras cosas que no so legales (clandestinas) pero que ofrecen una utilidad a quien la utilicen de manera especial a esas bandas organizadas que por medio de su actuar van creciendo cada día mas, ejerciendo su “poder” o control territorial y cobrando más vidas, derramando más sangre inocente caprichosamente buscando sólo su beneficio y esquivando el interés social y cultural propio de cada región.
Lo anterior, porque la expansión de la guerra muy al contrario del mismo desarrollo económico, político, social, cultural ha tenido un ascenso impresionante que ya no parece algo ilegal, porque este se ha convertido en el pan de cada día, siempre escuchamos y vemos una indiferencia estúpida en todos los aspectos que llevan a nuestro país a los primeros lugares, no de desarrollo para su accionar, sino de pobreza, miseria y guerra.
También podemos decir, que la guerra surge de alguna manera de la legalidad, es decir de las mismas entidades gubernamentales, que no han sabido legislar con rectitud y justicia, descuidando algunos sectores y favoreciendo a otros. Es este uno de los motivos por el cual surgen las famosas guerrillas entre ellas las FARC-EP, que nació como un pequeño grupo organizado, en Marquetalia y sus alrededores con una ideología en defensa de los campesinos, pero que luego por su ambición y deseo de poder, aumenta su pie de fuerza y desde la clandestinidad extendiéndose por todo el país especialmente en lugares estratégicos para su accionar, ataca ciegamente a la población Colombiana, infundiendo terror y causando daños físicos, materiales y psicológicos, desangrando cruel y vilmente al pueblo que nada tiene que ver con el conflicto, pero que al fin de cuentas es sobre quién recaen las acciones criminales de los grupos armados.
Al igual que las FARC- EP, el ELN, otro grupo guerrillero de izquierda, quienes fundados en su política de liberación, es sin duda alguna es otra organización al servicio de la guerra y el terrorismo.
Pero esta guerra absurda no es sólo de las guerrillas, también las mafias, los carteles de las drogas, las A.U.C, son causantes de otros miles de actos vandálicos que atacan no sólo la integridad del ser humano, sino que también destruyen los recursos naturales y toda clase de bienes que impulsan al desarrollo de nuestro país y que se encuentran ubicados a lo largo y ancho de nuestro p territorio.
Son tantos los hechos dolorosos que golpean a Colombia, que ya no hay tiempo de mirar como se ha expandido esa guerra, sino que debemos estar alertas, para que en ningún momento nosotros seamos las próximas victimas directas de el odio, la desidia, el rencor, el poder, la venganza, es decir la guerra, porque esta ya no se encuentra únicamente en Marquetalia ni en el Magdalena Medio, sino que se ha extendido a campos y ciudades, está en medio de nosotros, esta guerra no respeta barreras, ataca igual al niño que al anciano, al poderoso y al indefenso y está siempre dispuesta para seguir causando división, tristeza y desesperación a este bello pueblo que ha estado sepultado en el dolor.
No es hora de buscar culpables, sino prontas soluciones, porque como dijo un filósofo que nadie se baña dos veces en el mismo rio, seamos nosotros más bien esos signos de esperanza, constructores de una nueva sociedad, sementada en el amor, la justicia social y la caridad.
Cabe destacar que este informe fue publicado en el año 2003 después de un riguroso estudio por el organismo antes mencionado y basado también en el informe que desde 1985 lleva el Observatorio de Derechos Humanos, hoy adscrito al programa presidencial de los derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario de la vicepresidencia de la república.
Aunque parece obvio que el conflicto ha tendido a expandirse con el paso del tiempo, no es fácil precisar “dónde” se ubica o “cuándo” llegó a una determinada región de nuestro querido país, pues las mediciones de incidencia o intensidad de la guerra, son discutibles y la movilidad geográfica es connatural a los diferentes actores armados.
Lo que si sabemos y con certeza es que de un momento a otro se disparó el desorden social en Colombia y con ello la lucha de pequeñas mafias organizadas por ejercer el poder político y económico en algunas regiones estratégicas de nuestra geografía nacional.
Bien sabemos nosotros que desde hace varias décadas hasta nuestros días, ese deseo forzoso de conquistar un falso poder, enmascarado de cosas buenas y útiles para el pueblo nacional, ha cobrado muy caro a nuestra sociedad, de manera especial a la clase obrera, al campesinado y a los más débiles e indefensos que ya no sólo luchan por sobrevivir a las necesidades diarias y a la cotidianidad, sino también a las inclemencias de aquellos pícaros que se escudan en medio de los más vulnerables para cometer sus fechorías y someterlos incluso a su régimen opresor vendiéndoles ideologías baratas sin sentido, basadas en el odio, en la venganza, avaricia y en tantas otras cosas que no so legales (clandestinas) pero que ofrecen una utilidad a quien la utilicen de manera especial a esas bandas organizadas que por medio de su actuar van creciendo cada día mas, ejerciendo su “poder” o control territorial y cobrando más vidas, derramando más sangre inocente caprichosamente buscando sólo su beneficio y esquivando el interés social y cultural propio de cada región.
Lo anterior, porque la expansión de la guerra muy al contrario del mismo desarrollo económico, político, social, cultural ha tenido un ascenso impresionante que ya no parece algo ilegal, porque este se ha convertido en el pan de cada día, siempre escuchamos y vemos una indiferencia estúpida en todos los aspectos que llevan a nuestro país a los primeros lugares, no de desarrollo para su accionar, sino de pobreza, miseria y guerra.
También podemos decir, que la guerra surge de alguna manera de la legalidad, es decir de las mismas entidades gubernamentales, que no han sabido legislar con rectitud y justicia, descuidando algunos sectores y favoreciendo a otros. Es este uno de los motivos por el cual surgen las famosas guerrillas entre ellas las FARC-EP, que nació como un pequeño grupo organizado, en Marquetalia y sus alrededores con una ideología en defensa de los campesinos, pero que luego por su ambición y deseo de poder, aumenta su pie de fuerza y desde la clandestinidad extendiéndose por todo el país especialmente en lugares estratégicos para su accionar, ataca ciegamente a la población Colombiana, infundiendo terror y causando daños físicos, materiales y psicológicos, desangrando cruel y vilmente al pueblo que nada tiene que ver con el conflicto, pero que al fin de cuentas es sobre quién recaen las acciones criminales de los grupos armados.
Al igual que las FARC- EP, el ELN, otro grupo guerrillero de izquierda, quienes fundados en su política de liberación, es sin duda alguna es otra organización al servicio de la guerra y el terrorismo.
Pero esta guerra absurda no es sólo de las guerrillas, también las mafias, los carteles de las drogas, las A.U.C, son causantes de otros miles de actos vandálicos que atacan no sólo la integridad del ser humano, sino que también destruyen los recursos naturales y toda clase de bienes que impulsan al desarrollo de nuestro país y que se encuentran ubicados a lo largo y ancho de nuestro p territorio.
Son tantos los hechos dolorosos que golpean a Colombia, que ya no hay tiempo de mirar como se ha expandido esa guerra, sino que debemos estar alertas, para que en ningún momento nosotros seamos las próximas victimas directas de el odio, la desidia, el rencor, el poder, la venganza, es decir la guerra, porque esta ya no se encuentra únicamente en Marquetalia ni en el Magdalena Medio, sino que se ha extendido a campos y ciudades, está en medio de nosotros, esta guerra no respeta barreras, ataca igual al niño que al anciano, al poderoso y al indefenso y está siempre dispuesta para seguir causando división, tristeza y desesperación a este bello pueblo que ha estado sepultado en el dolor.
No es hora de buscar culpables, sino prontas soluciones, porque como dijo un filósofo que nadie se baña dos veces en el mismo rio, seamos nosotros más bien esos signos de esperanza, constructores de una nueva sociedad, sementada en el amor, la justicia social y la caridad.
Francisco Acevedo

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